El Agua y la Salud

La distribución del agua en el cuerpo

La importancia del agua para el ser humano lo demuestra el hecho de que entre el 75 y 80% del peso de un bebé es agua, porcentaje que baja al 60-65% en el caso de un hombre adulto y al 55-60% en el de la mujer. En condiciones normales esa proporción se mantiene prácticamente constante mediante el ajuste de los ingresos y las pérdidas de agua. Los ingresos están constituidos por el agua de bebida, la contenida en los alimentos y una fracción menor resultante de la oxidación de los principios inmediatos en el organismo. Las pérdidas se producen principalmente por la orina, la evaporación (sudor) y la defecación. En cuanto a su distribución, el agua corporal está repartida en dos sistemas: -en el interior de las células (aproximadamente el 63% del total). -en el exterior de las células (el 37%). De esta cantidad el 27% corresponde al líquido intercelular, el 3% al agua transcelular y el 7% al plasma.

Por otro lado, según el investigador español Felicísimo Ramos, doctor en Química y Física, en un humano adulto es agua:

El 84% de los tejidos nerviosos

El 73% del hígado

El 71% de la piel

El 60% del tejido conectivo

El 30% del tejido adiposo

El 99% del plasma, la saliva o los jugos gástricos.

Las funciones vitales

De todas las sustancias naturales, el agua es la que más se aproxima al solvente químico universal y al medio de disolución ideal ya que casi todas las sustancias pueden disolverse en agua y prácticamente todos los procesos destacables de intercambio y transformación necesarios para la obtención de energía se desarrollan en este medio líquido. El agua sirve, por ejemplo, para disolver los alimentos que comemos a fin de que sus componentes nutritivos puedan ser absorbidos por el intestino. El agua es además un medio de transporte efectivo e insustituible. La mayor parte de los procesos de intercambio de sustancias entre células y tejidos depende fundamentalmente del agua como medio de transporte. El agua circula por todo el cuerpo llevando oxígeno y alimentos diluidos hasta todos los órganos y estructuras celulares y, al mismo tiempo, recoge los residuos para llevarlos a los órganos responsables de su eliminación y transporta el anhídrido carbónico hasta los pulmones para intercambiarlo por oxígeno. También cumple una función de limpieza muy importante para el cuerpo pero el éxito de esta función depende de la cantidad y calidad del agua que se bebe. Asimismo, el agua regula la temperatura corporal. Es imprescindible igualmente para que tengan lugar las reacciones químicas que intervienen en la transformación de sustancias para la obtención de energía. Sirve también para mantener la estructura y la arquitectura celular de nuestro cuerpo. Como una especie de “pegamento”, el agua une las estructuras fijas dentro de la membrana celular. Si no hay suficiente agua las células se disecan a mayor o menor velocidad, en mayor o menor grado, pero se disecan. Cabe añadir que en medios líquidos no saturados se produce mejor funcionalidad de proteínas, enzimas, etc., que en medios más espesos (es decir, con menos composición de agua).

¿Cuándo beber agua?

Según los expertos, los mejores momentos para beber agua son tres: nada más levantarse de la cama por las mañanas (uno o dos vasos de agua de 200 ml.), media hora antes de la comida y de la cena (un vaso) y dos horas y media después de las mismas (otro vaso de 200 ml). Asimismo, se recomienda tomar entre dos y tres vasos más a lo largo del día. Tal es la cantidad mínima que necesita el organismo cada día. Recuerde que la deshidratación es el principal factor estresante de toda materia viva.

¿Cómo saber si está deshidratado?

Así ocurre siempre que la boca se le seque. Fíjese además en el color de su orina; normalmente, ha de ser incolora o ligeramente amarilla. Si empieza a volverse oscura su cuerpo se está deshidratando. El color oscuro significa que los riñones están trabajando con muy poca agua y la orina está saturada de desechos.

¿Solo H2O?

Éstas son algunas de las sustancias que normalmente nos encontramos cuando bebemos un vaso de agua:

Residuo seco: son las sustancias que permanecen después de la evaporación del agua. Se compone esencialmente de sales minerales y/o pequeñas cantidades de materias orgánicas. Se entiende que el hombre puede consumir agua que contenga hasta 2.500 mg/l de sales minerales sin quebranto para su salud pero por encima de esa dosis no es apta para un consumo continuo.

Sulfatos: el ión sulfato es uno de los que contribuyen a la salinidad de las aguas y se encuentra en la mayoría de ellas. La concentración del ión sulfato tiene acción purgante y se ha encontrado que las aguas que contienen menos de 600 mg/l son buenas mientras las que contienen más de 750 mg/l tienen efecto laxante.

Cloruros: el organismo puede soportar aguas que contengan hasta 2.500 mg/l de cloruro sódico (sal). La OMS fija en 200 mg/l el límite admisible y en 600 el excesivo.

Flúor: todos los alimentos y bebidas lo contienen en concentraciones traza (cantidades casi inapreciables). Se ha comprobado que concentraciones del ión fluoruro en el agua de aproximadamente 1 mg/l juegan un papel muy importante en la protección de los dientes frente a la caries dental pero en concentraciones superiores a 1,5 mg/l se produce el efecto contrario: aparecen en el esmalte de los dientes unas motas coloreadas de tono amarillo, marrón o negro. A esta lesión se la conoce como fluorosis y a ella son especialmente sensibles los niños más pequeños. Cuando se manifiesta es irreversible.

Calcio: se encuentra en el agua en grandes cantidades. Juega un papel muy importante como protector ya que impide la absorción de iones tóxicos por parte del intestino. El aporte diario que se considera imprescindible -entre 800 y 1.000 miligramos- es suministrado por los alimentos.

Magnesio: se encuentra en las aguas en cantidades generalmente menores que el calcio pero su importancia biológica es grande ya que es indispensable para el desarrollo de ciertos sistemas enzimáticos y para la constitución de los huesos. Desde el punto de vista fisiológico el magnesio -junto al calcio, sodio y potasio- juega un papel fundamental en la conducción eléctrica de los impulsos cardíacos. Si la cantidad de magnesio en el agua es muy grande, por encima de los 125 mg/l, puede actuar como laxante y diurético e, incluso, adquirir un sabor amargo, sobre todo cuando el contenido del ión sulfato es notable.

Sodio y potasio: el sodio está en las aguas en mayor concentración que el potasio, salvo raras excepciones. Se ha encontrado correlación entre concentración alta de sodio en el agua y varias enfermedades coronarias, hipertensión, enfermedades renales, cirrosis hepáticas y toxemias del embarazo. La presencia de cantidades bajas de sodio en las aguas no ejerce acción nociva sobre el organismo.

Silicio: un agua de buena calidad no debe contener más de 20 mg/l de sílice aunque se puede tolerar hasta 40 mg/l sin ningún inconveniente. Se ha comprobado que el silicio ejerce efecto beneficioso sobre las enfermedades de corazón.

Bromuros y yoduros: las aguas potables no contienen en general cantidades importantes de estos elementos, todo lo más de orden de microgramos por litro, encontrándose en mayor cantidad en las aguas subterráneas.

Litio: en el agua se encuentra en pequeñas cantidades, del orden de microgramos por litro. Las aguas litínicas se usan para la curación del reumatismo, gota y piedras en el riñón.

La dureza del agua

Se dice que un agua es “dura” o “blanda” atendiendo a la mayor o menor cantidad de sales cálcicas y magnésicas que contiene. Cuando las cantidades son muy pequeñas se dice que es un agua blanda. Si las cantidades son altas, es agua dura. Esta característica del agua tiene sus ventajas y sus inconvenientes. Por ejemplo, se ha demostrado que el agua dura ejerce un efecto tapón sobre los metales traza y disminuye su toxicidad por lo que reduce el riesgo de enfermedades cardiovasculares. En cambio, es inadecuada para algunos usos domésticos como cocer vegetales o legumbres (las endurece). El agua dura dificulta también el lavado porque en ella el jabón no se disuelve fácilmente. Por otro lado, las aguas blandas tienen un pH bajo y disuelven fácilmente altas concentraciones de cadmio, plomo, cobre, cinc, etc., causa de varias enfermedades.

Aguas magnetizadas

-Se llama agua imantada a aquella que es sometida a la influencia del campo magnético de un imán durante cierto tiempo. Por ejemplo, colocando simplemente un imán grande debajo de una vaso con agua. El agua así imantada tiene propiedades desincrustantes y atenúa el sabor a cloro del agua tratada con él. Asimismo, previene y ayuda a disolver pequeños cálculos renales y biliares además de fortalecer el sistema inmune.

Se denomina agua ionizada a aquella cuya conductividad aumenta tras ser sometida a la acción de un campo eléctrico o magnético débiles que actúan sobre las sales de electrolitos disueltas en la misma. Además de las propiedades del agua imantada, la ionizada estabiliza el potencial de la bomba sodio-potasio, previene la tensión alta, reduce la viscosidad de la sangre, la fluidifica y ayuda a “desatascar” los vasos sanguíneos.

El agua polarizada es aquella en la que el campo magnético tiene la potencia suficiente como para provocar un giro en las moléculas dipolares del agua. Además de las propiedades terapéuticas de las otras aguas magnetizadas, la polarizada favorece el crecimiento de las células vivas, incrementa el número de los hematíes fortaleciéndolos y mejora el apetito y el dinamismo del metabolismo humano; todo ello sin provocar reacciones negativas en el organismo.

Finalmente, el agua magnética es la que resulta de ser sometida a la acción de un campo magnético intenso en determinadas condiciones adquiriendo merced a ello unas propiedades físicas específicas diferentes. Además de tener las propiedades terapéuticas de los otros tres tipos de aguas magnetizadas, la magnética normaliza los índices de colesterol y urea en la sangre, es efectiva en el tratamiento de las diabetes, permeabiliza las membranas celulares, es eficaz cuando se sufre de náuseas, flatulencia, hinchazón de vientre y estreñimiento, mejora los problemas de celulitis y obesidad, aumenta el peritaltismo intestinal, acelera el proceso digestivo, protege contra las úlceras del estrés, suaviza la piel y aumenta el brillo del pelo. Asimismo, protege del deterioro de las células de la pared interior de las arterias troncales -y, por tanto, previene la arteriosclerosis-, protege la piel de las radiaciones y previene la dermatitis y el acné. Tiene igualmente un acentuado efecto diurético.

Agua destilada

¿Y qué es el agua destilada? Pues aquélla que procede de la evaporación natural por elevación de la temperatura y una vez en la atmósfera cae de nuevo a causa del frío en forma de lluvia, rocío o nieve. Es decir, agua pura que en los antiguos textos chinos se denominaba agua de larga vida y se recogía en las cumbres de las regiones montañosas. Una práctica que desgraciadamente ya no puede seguirse porque hoy el agua y la nieve que descargan las nubes está también contaminada. De ahí que lo más práctico sea instalar una destiladora pues a fin de cuentas lo que ésta hace es imitar el proceso de la naturaleza evaporando el agua mediante calor para luego condensarla con frío. En aparatos de acero inoxidable libres de contaminantes. ¿Y realmente es potable el agua destilada?, se preguntarán muchos lectores. Y la respuesta es . Porque quienes argumentan que para ser apta para el consumo el agua debe tener una carga mínima de minerales parecen desconocer, como ya hemos dicho, que los minerales inorgánicos del agua sólo le son útiles a los vegetales, no a los seres humanos ni a los animales. Por tanto, la afirmación de que beber agua destilada puede llevar a desmineralizarnos es absurda y no se sostiene científicamente. El otro “argumento” de quienes no recomiendan consumirla es la diferencia de presión osmótica del agua destilada y el agua mineralizada. Y para apoyar su afirmación dicen que basta introducir en una probeta con agua pura células animales para constatar que éstas se hinchan y explotan. Lo que se explica porque dos soluciones con distinta concentración tienden a igualarse y al entrar cada vez más agua en la célula llega un momento en que la membrana no soporta la creciente presión interior y explosiona. Por lo que coligen que lo mismo puede ocurrir en el cuerpo. Por supuesto, basta que usted ingiera un vaso de agua destilada para dejar en evidencia a quienes usan ejemplos que no son comparables. Millones de personas beben en el mundo agua destilada cada día y ninguno ha tenido un problema como ése. Porque, sencillamente, en cuanto el agua destilada entra en contacto con el cuerpo cambia su concentración y presión. Cabe añadir que tanto el agua de grifo como el agua mineral embotellada son conductores de electricidad; el agua pura -es decir, la destilada- es sin embargo un conductor eléctrico muy pobre. Por eso hay quienes afirman que consumirla puede dificultar la conducción eléctrica y fotónica entre las células pero tal aseveración carece a nuestro juicio de fundamento.

Aguas terapéuticas

Nuestros antepasados sabían algo que sólo recientemente ha constatado la ciencia: que el agua es capaz de almacenar cualquier información que la impregne por sutil que ésta sea. Una sorprendente capacidad que ha llevado a científicos a hablar de la “memoria del agua”. Precisamente esta facultad del agua para almacenar información es la que ha permitido al hombre intervenir en su estructura molecular con todo tipo de energías (sonora, luminosa, eléctrica, etc.) y obtener “aguas tratadas” que utilizar como remedio terapéutico o coadyuvante de eficacia contrastada en el tratamiento de diversas dolencias. Las posibilidades son numerosas:

Activar. Se llama así a la obtenida por Piccardi al poner el agua ordinaria en contacto con una ampolla de vidrio que contiene mercurio y gas neón a presión reducida. El agua así tratada sirve para desincrustar los depósitos calcáreos.

Cromatizar. Se consigue irradiando el agua con luz a distintas frecuencias y colores.

Dializar. Se obtiene exponiendo el agua a una energía débil que logra aumentar en sus moléculas la distancia de los átomos de hidrógeno respecto de los del hidrógeno y disminuye el ángulo de colocación espacial de los mimos. Esa fuerza es ejercida por los pequeños campos electrostáticos que generan un grupo de cristales de cloruro de sodio y cloruro de litio. Tales cristales -debidamente tratados- son introducidos en unas ampollas de vidrio que a su vez se sumergen durante unas horas en el recipiente donde está el agua -por ejemplo, un vaso- dando lugar así por resonancia al agua dialítica. Se trata pues de un “agua con átomos descolocados” capaz de disgregar y “alisar” cálculos (renales, biliares, etc.) merced a lo cual se puede lograr la expulsión de las piedras sin apenas dolor. Asimismo, aumenta la solubilidad de las sales minerales que circulan por la sangre y la orina -especialmente las cálcicas- evitando que precipiten y constituyan nuevos cálculos o incrementen el grosor de los existentes.

Dinamizar. El agua dinamizada -que tiene propiedades terapéuticas- se obtiene según el método que creó Marcel Violet mediante un condensador cuya tensión se armoniza con la energía del paciente. Se conoce igualmente con este nombre al proceso que consiste en agitar enérgicamente los preparados homeopáticos una vez diluidos a fin de potenciar sus propiedades curativas.

Energetizar o pranizar: Se llama agua energetizada o pranizada a la que resulta tras verterla 8 veces seguidas de un recipiente a otro desde una altura de medio metro.

Indumizar. Se trata de un proceso creado por Ludwig en 1984 en virtud del cual se somete el agua a la acción de los plasmones de los elementos-traza esenciales contenidos en el hierro y proyectados por la corriente eléctrica de un electroimán.

Irradiar cósmicamente. Es el agua que se obtiene por su exposición a las energías cósmicas durante la noche. Basta colocar un vaso de agua corriente de noche al sereno tras haberle añadido una pizca de bicarbonato y dejar que se cargue de la radiación cósmica natural. Con este método se obtiene un agua terapéutica con la que se consiguen notables mejorías en numerosos enfermos, especialmente aquellos con afecciones renales y dermatológicas.

Magnetizar. Es el resultado de someter el agua a la acción de un campo magnético de imanes permanentes que cambie sus propiedades físicas. Según sean las condiciones de magnetización puede obtenerse agua imantada, agua ionizada, agua polarizada o agua magnética. Esta última es la de mayor capacidad curativa; de hecho, se han obteniendo excelentes resultados en el tratamiento de numerosas patologías.

Mesmerizar. Se llamada agua mesmerizada a la que se carga con energía vital al hacer sobre ella una imposición de manos, atendiendo a los postulados de Messmer sobre el magnetismo animal.

Oxigenar. El agua oxigenada contiene dos átomos de hidrógeno y otros dos de oxígeno (en lugar de una como el agua corriente) y se utiliza básicamente como antiséptico general. En medicina se aplica principalmente para la limpieza y desinfección de heridas cutáneas. También con esta agua se esterilizan objetos, se eliminan manchas, se modifican almidones, colas y proteínas y se controla la producción de moho y población bacteriana en los alimentos.

Ozonizar. El ozono es un gas que se genera a partir del oxígeno cuando se le aplica una descarga de alto voltaje. Merced a ella, parte del oxígeno (O2) se transforma en ozono (O3). Después ese gas -el ozono- se disuelve en agua obteniéndose así un agua ozonizada que adquiere diversas propiedades terapéuticas dependiendo de la proporción de ozono. Hoy día el ozono se utiliza en medicina para el tratamiento de: -Todo tipo de infecciones virales, bacterianas o micóticas, tanto agudas como crónicas. El agua ozonizada se usa corrientemente ya, por ejemplo, en infecciones dentales. Asimismo, el ozono se utiliza para purificar el agua -eliminando el color, olor y sabor desagradables si los tiene- y desinfectarla de bacterias patógenas, virus y otros microorganismos no sensibles a la acción del cloro. -Todas las enfermedades que cursan con hipoxia, es decir, con falta de oxígeno en los tejidos: el Alzheimer, la esclerosis múltiple, las enfermedades cardiovasculares, la arteriosclerosis y sus complicaciones, la gangrena, las úlceras y las venas varicosas. -Otras enfermedades como hernias discales, artritis, diabetes, cáncer, sida, Parkinson, alergias, asma, abscesos, acné, fístula anal, cirrosis hepática, herpes, tromboflebitis, etc.

Solarizar. El agua solarizada es simplemente agua que se deja durante varias horas expuesta a la radiación solar.

Sonorizar. Se llama sonorizar a la exposición o estimulación del agua con sonidos (por ejemplo, con música).

Aparatos de purificación del agua

Es obvio que a la hora de plantearse la compra de un purificador de agua todos nos preguntamos qué dispositivo es mejor y cuáles son sus precios. Hay tres tipos de posibilidades:

Los filtros. Los hay de tres tipos: mecánicos, de resinas de intercambio iónico y de carbón activado. Son similares solo que los mecánicos filtran algunos de los metales pesados y los de carbón activado no y, en cambio, éstos filtran algunos pesticidas, disolventes y trihalometanos (THM) y los primeros no. Los de resinas de intercambio iónico sólo ablandan el agua y eliminan algunos metales pesados. De los tres tipos los mejores son pues los de carbón activado ya que eliminan del agua la arena, el mal olor, el cloro y la mayoría de los contaminantes orgánicos como los pesticidas, los herbicidas, el benceno, los trihalometanos (THM) y los policlorobifenilos (PCB) además de las partículas usuales de aluvión de forma parcial. Comparativamente, sólo se justifican si por razones económicas no puede accederse a otras posibilidades.

Los dispositivos de ósmosis inversa. Son mucho más útiles que los filtros de carbón activado ya que hacen lo mismo que ellos pero además eliminan contaminantes inorgánicos como el arsénico, el boro, el cadmio, el calcio, el cromo, el cobre, el plomo, la plata, el manganeso, el mercurio, los sulfatos, los cloruros, el sodio, el selenio y el zinc (no así el cloro) además de los contaminantes radioactivos estroncio 90 y radio 226 y 228, un contaminante orgánico como el tanino e, incluso, la mayor parte de las microalgas, bacterias, hongos y mohos presentes en el agua. El problema es que se desperdicia entre el 80% y el 90% del agua y su precio oscila entre los 200 y los 3.300 euros. Diferencia de precios que en modo alguno se justifica aunque los fabricantes intenten hacerlo creer. Algunos -no todos- también eliminan el hierro, los nitratos, los sulfuros, los fluoruros y los virus.

Las destiladoras al vapor. Hacen lo mismo que los dispositivos de ósmosis inversa sólo que además eliminan del agua -en este caso todos- el hierro, los nitratos, los sulfuros, los fluoruros y los virus. Con la ventaja de que algunas, de excelente calidad, cuestan sólo 200 €. Son pues, a nuestro juicio, una excelente opción. Eso sí, asegúrese de que compra una cuyo interior sea de acero inoxidable. Y no se olvide de reenergetizar y reinformar el agua destilada antes de consumirla.

Las fuentes para este apartado han sido extraidas integramente de www.dsalud.com

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